Lou Reed

DAVID BOWIE: EVANGELIO SÓNICO

DAVID BOWIE: EVANGELIO SÓNICO

PRIMERA PARTE

EN EL PRINCIPIO

Se sabe que Bowie cayó a la Tierra el 8 de enero de 1947. Permaneció en estado larvario hasta que cumplió los 15 años, edad en la que tomó el cuerpo del joven David Jones, seduciéndolo para iniciar su camino chamánico por las tierras del blues y el rock and roll. Al principio, su influencia fue débil. Permitió al joven Jones sentarse delante en aquel tandem, y juntos formaron algunas bandas (The Kon-Rads, King Bees) en las que Jones apenas escuchaba los susurros de su huésped. Mientras tanto, Bowie buscaba modelos para corporizarse. Convenció a Jones para enrolarse con Lindsay Kemp y, mientras Jones bailaba, Bowie crecía en su interior.

La resistencia de Jones sucumbió de repente cuando, en una noche de mediados de los sesenta, Bowie insufló un sueño en la mente de su anfitrión sobre un cuchillo militar que le atravesaba el pecho, revelando por primera vez el verdadero rostro del alienígena. Al despertar, Jones había desaparecido. Ahora eran iguales. Se llamarían: David Bowie.

El ansia de aprender de Bowie, su fascinación por los humanos y el arte, llevaron a David Bowie a lanzar su primer álbum homónimo, donde libraron una guerra por el control del cuerpo de Jones, produciendo un disco ecléctico, de búsqueda, iniciático, del que rescatamos esta Please, Mr. Gravediggerque muestra la curiosidad del extraterrestre sobre la condición humana más elemental: la muerte.

La lucha por el dominio duró algún tiempo. Mientras David deseaba conocer el amor, Bowie comenzó a desarrollar su poder premonitorio, pronosticando la llegada del hombre terrestre a la luna. Acordaron que ambos trabajarían en un tema juntos. Sería una canción folk, con guitarra acústica, influencia de Bob Dylan, al que David adoraba. La letra la pondría Bowie, quien le prometió que su tema lograría invocar el favor de la joven Angela Barnett. La canción se tituló Space Oddity.

Un año más tarde, David Bowie se casaron con Angela. De esta forma, el extraterrestre conoció la condición femenina y, con ayuda del apóstol Tony Visconti, dio a luz The Man who sold the world. Su ansia exploratoria lo condujo hacia la creación de un nuevo personaje: Hunky Dory, aprovechando que su mitad humana se había rendido al amor. A partir de entonces, David Bowie liberaron todo su poder. Dory aportó un sonido delgado, circense, semilla del maestro Kemp.

EL ADVENIMIENTO DE ZIGGY

Habiendo alcanzado la madurez suficiente, Bowie estaba listo para predicar su mensaje a la Humanidad. Desterró a Marc Bolan a la tierra de los dinosaurios. Le siguió el propio Visconti. Había que anunciar la palabra y todo debía ser nuevo. Vendría el Hombre de las Estrellas a inaugurar una nueva era cósmica, andrógina, sin género. Sólo placer y psicodelia. Una vez más, David se retorció en un sueño. Viajaba a miles de años luz por la galaxia, notando como los cometas salían de sus dedos. Los ojos del extraterrestre asomaron por primera vez. Delante de él apareció Ziggy. Comenzó la Era Lunar.

Ziggy era demasiado fuerte. Incluso para Bowie. No pudieron sujetar a aquel ser hipersexual que acabó devorando al humano y al alien. Ziggy se erigió en profeta de su propio culto y hechizó a los jóvenes del mundo sirviéndose del gran mago sonoro: Mick Ronson. Su sonido se volvió colorista, estridente. Ziggy exprimió a Dory y transformó su circo del arte en un cabaret erótico que no atendía a los frenos de la moral humana.

El Hombre de las Estrellas sabía que Bowie había bebido de otros magos imprescindibles. El apóstol Lou Reed; los guerreros Mott the Hoople (All the young dudes). Poseyó a Lou para crear Transformer. Fue un choque brutal entre dos supernovas. Después de aquel álbum, nadie volvió a ser quien era. El resultado de aquella explosión dio lugar a los planetas que hoy conocemos: Walk on the wild side, Perfect Day, Vicious, Satellite of love(¿sigo?). Agotado, Ziggy vio su propio fin, pero antes dejó su legado (Aladdin Sane y Ziggy Stardust The Motion Picture).Prometió que no estarían solos nunca más Así fue como le habló a sus discípulos:

Después de aquello Ziggy se entregó al vacío. David Bowie quedaron exhaustos. El cuerpo de lo que había sido Jones mostró los signos de haber alojado a un verdadero Dios del Cosmos.

SEGUNDA PARTE

LOS PERROS DIAMANTE Y EL GRAN DUQUE BLANCO

En 1974, los Perros Diamante corrían tras la carne del cantante. Asustados, David Bowie buscaron refugio en el profeta Lennon. Editaron Young Americans (1975), pero esto no ahuyentó a las bestias. El humano y el alien no podían sobrevivir ni juntos, ni separados.Fue el mago Carlos Alomar quien mantuvo con vida al simbiente. Tony Visconti acudió al socorro. David pagó por los pecados de Ziggy.

El terror se apoderó de David Bowie. Construyeron una crisálida a su alrededor. Cada vez que cerraban los ojos, las bestias abrían los suyos. El pánico endureció los muros. Nadie era capaz de encontrar una puerta. Dentro del huevo se podía oír llorar a los dos hermanos.Finalmente, una grieta se abrió y emergió del infierno blanco su nuevo alter ego: The Thin White Duke.

Con Station to station, el Duque Blanco vivirá y podrá cargar con la psicosis y el espanto. Bowie ha desaparecido. El Duque muestra interés en los dioses humanos. Se ha vuelto espiritual, místico y paranoico, síntoma inequívoco de su yoterrenal. El Duque debe ser invulnerable. Aprovechará la leyenda de Bowie y se la contará al mundo. Extenderá el mito en su propio beneficio. De esa forma, sólo él será real. Se emancipa de su creador. El Duque es cristiano y coquetea con el fascismo. Es implacable. Todos le temen.

Pronto aparecen las bestias de nuevo. En la oscuridad, los diamantes brillan con un destello puntiagudo que se clava en el alma. El Duque no quiere que le vean las grietas. Estamos en 1976 y huye hacia las montañas suizas. Siempre fiel, Tony Visconti le sigue con la esperanza de rescatar a los dos hermanos.Los demonios le persiguen hasta Berlín. En aquella selva oscura, el Duque reconoce a su siguiente apóstol: Iggy Pop.

Para entonces, el Duque Blanco ya no se dedica a la música. La cocaína mantiene a raya al humano y al alien. Al Duque le interesa el arte: la fotografía y la pintura. La pintura del Duque Blanco revela sus aspiraciones como artista total y totalitarista. Va balanceándose entre el expresionismo y el arte abstracto. Nada de ello trasciende. La cocaína lo mantiene todo a raya.

Bowie-art

Bowieart

Como suele ocurrir en toda historia, al final del segundo acto el héroe se halla congelado en carbonita, ha traicionado a sus amigos por puro egoísmo y ha hecho llorar a Sandra Dee. Todo parece perdido. Caímos en la emboscada y estamos rodeados justo antes del corte publicitario. Una llamada de socorro llega a los oídos de nuestros compañeros.

LOS TRES REYES MAGOS

El Duque se volvió engreído y presuntuoso. Fue descuidado. Al coger los pinceles pensó que alejaba de sí a David. Pero no pensó en Bowie. El viaje del Duque hacia el arte abstracto, junto con su pasión por la mecanización, su huída de lo humano, su desprecio por la vulnerabilidad, atrajo un nuevo sonido. La estrella surcó el cielo lentamente. Un nuevo mago la siguió y acudió al rescate. Se llamaba Brian Eno. El Duque presenta dura batalla con el mago y retrocede hasta el ojo de un huracán. El mago Visconti reaparece.

Invocando un conjuro sónico, sintético, futurista, el poder del gran Brian Eno arroja al Duque al interior de un búnker. Hay quien dice que ahí acabó sus días. Visconti, Eno y el hechicero Robert Fripp, rescataron a Bowie y se proclamaron vencedores. Berlín fue su santuario. David regresó convertido en héroe.

El mundo recibe al paladín redimido y el ansia de exploración reaparece. Pero esta vez será una travesía física, además de experimental. Los magos peregrinarán a África. Más tarde, a Turquía. Brian Eno recibirá la unción de su maestro. Nacerá la world music. La Iglesia de Bowie ya presenta escisiones, otros caminos, variaciones sobre el original. Surge David Byrne (pero esa es otra historia). Los viajes, los sintetizadores Enianos y el ansia del extraterrestre por conocer, dan lugar a resultados extraños, bizarros, dignos de la simbiosis del profeta medio humano. Para muestra, este botón:

POLVO AL POLVO

Después de la euforia del final de la guerra contra el Duque, llega la melancolía y el recuento de bajas. En el repaso de las cicatrices, Angela Bowie figura en la lista de desaparecidos en combate. Los setenta tocan a su fin. El mundo vuelve a girar. David mira hacia dentro. Todo su mundo está cubierto de cenizas.

Una de las escisiones de la Iglesia Bowie construye un santuario en el corazón de Londres. Blitz es el lugar. La orden New Romantic tiene unas reglas muy estrictas. No dejan entrar a nadie que sea igual o parecido a Mick Jagger. El guardián del templo es Steve Strange. Su interpretación de las Sagradas Escrituras stardustianas, obliga a un código estético histriónico, siempre en constante mutación. Sus misivas son despiadadas. Se corre la voz. Todos quieren ser Blitzers. Sólo unos pocos lo consiguen. Hasta entonces, el Mesías ha guardado silencio. Strange sueña con él. Una noche, la limusina escucha las plegarias del moderno San Pedro. Bowie bendice el templo de los New Romantics, y éstos se postran ante su Santo Padre. Bowie se muestra generoso. Acogerá a los New Romantics. Al segundo día, Bowie crea el vídeo musical. Comienzan los locos años ochenta.

En el tercer día, Bowie se alinea con Mercurio. Es 1981. De esta conjunción nace Under Pressure, que será la puerta de entrada al universo Bowie para una nueva generación. El fabricante de éxitos se fija en él. El gran mago Nile Rodgers multiplica la estrella por mil. David Bowie se fusiona en un sol ardiente. Para cuando llegue 1983, habrá triplicado su tamaño (Modern Love, China Girl y Lets Dance). En el cuarto día, Bowie redime a Mick Jagger. Para entonces, Visage está desactivado. El soul y el rock and roll vuelven al prime time. En la noche del quinto día, Tina Turner acoge al astro en su órbita (Tonight 1985). Pat Metheny se unió a los magos de esta década.

Todo se hizo enorme. Los escenarios, las giras, la producción, el público. Todo se contaba por millones. La araña de cristal, el vehículo estelar del que descendía Bowie para hablar a los suyos,se tornó excesivo. La Iglesia de Bowie se multiplicó en millares de cultos similares. Sólo alguno fue simplemente irresistible. El resto, sucumbieron. David Bowie se aburrían. Volvieron a verse como dos inquilinos del mismo cuerpo. Y el de enfrente es el intruso. Llegó el laberinto. Jura a todos que no es más que un principiante. Todos temen que el Duque reaparezca una vez más.

TERCERA PARTE

SÓLO SOY UN SER HUMANO.

Se cuenta que durante los primeros 90, Bowie dormitó en el cuerpo de Jones y dejó a David tomar las riendas de nuevo. Sin su mitad alienígena, el humano buscó un nuevo chamán: Reeves Gabrels. Construyeron la Máquina de Hojalata. David está harto de las máscaras, de los personajes, del mesianismo y el arte. David sólo quiere tocar. Ser humano. Pero la máquina no funciona sin el extraterrestre.

Aprovechó que Bowie dormía para buscar otra vez el amor . La providencia puso en su camino a Imán. Había que conquistarla. Debía hacer las paces con su hermano, así que David invocó una vez más al mago Mick Ronson. Ambos conjuraron a Nile Rodgers. Ese mismo año (1993) Ronson se apagó y se unió a Mercurio. Bowie no apareció esta vez.

El sonido de David es mundano y bailable. Redondo. Sin aristas. Por primera vez en más de veinte años, David está solo. Retoma el saxofón, algo que le recuerda a Jones. Así se declara:

Black Tie White Noise es un éxito de crítica. Sin embargo, los fieles a Bowie no son lo numerosos de antaño. La Era de los Grandes Dioses ha terminado. Tina Turner, Springsteen, Mc Cartney, Dylanson supervivientes. Mercurio gira en el cosmos para siempre.

En estos años, David Bowie transitan por el desierto. David acarrea al extraterrestre, al que ha conseguido mantener en animación suspendida. Es un nuevo mundo otra vez. Las religiones no tienen nada que hacer entre los descreídos. El pueblo no quiere héroes. Es la resaca de los ochenta. Los pocos fieles se congregan en torno a uno de los últimos profetas: David Lynch. Brian Eno se encomienda a Lynch para despertar al alien.

Cuando por fin abrió los ojos, Bowie encontró a su hermano sentado frente a él. Había estado ausente durante cuatro años, quizá mil. Hablaron durante toda la noche. David había cambiado. Era padre, esposo, ciudadano. Un hombre feliz. Habían vivido de todo juntos. Conocían los infiernos, los cielos, los caramelos. Habían peleado con los osos. Habían besado a los dioses. Bowie aprendió a ser un ser humano. David había alcanzado el cosmos gracias a su hermano. Crearon demonios que casi acaban con ellos. Ziggy era Bowie a la enésima potencia, como el Duque lo era de David. Bowie le dedicó a David Earthling (1997). David le devolvió “Hours…” (1999). Se acabó la década y el siglo. Se dieron la mano y Bowie desapareció.

El año 2000 no fue lo que nadie había contado. No hubo Era de Acuario. Los coches no volaban. No hablábamos interlingua. No corríamos detrás de los replicantes. Los noventa mataron a los Dioses. Los relegaron a meras celebridades. Tenían sus talk showstelevisivos. Se afanaron por mostrarse eternamente jóvenes. Springsteen se estiró la cara. Beck se hizo cienciólogo. Dylan, católico. David fue arrojado al mismo saco. Humildemente interpretó el papel que le habían dado los nuevos tiempos. Se empeñó en no envejecer.

El dragón durmió por más de diez años y el silencio, dio paso al mito. Éste a la leyenda. Y los hombres olvidaron que hubo una vez un Hombre de las Estrellas y que había dominado a todos. Todos creyeron que había muerto, o peor, que nunca había existido.

AL DÍA SIGUIENTE

Se sabe que en el amanecer del octavo día del primer mes de 2013, desde lo alto de la montaña sagrada, la silueta del monje recortó el cielo. Su rostro se iluminó de repente. Los años han pasado surcando su piel, pero podía adivinarse en su expresión que la espera había terminado. Al fin vio la estrella que buscaba. Era un brillo rojo y azul, rutilante y único. Con un gesto congregó a sus discípulos. Señaló el lugar con un dedo huesudo. Se descubrió de la capucha de su hábito. Los que estuvimos allí, lo reconocimos. Tony Visconti, el mago, había encontrado el escondite de Bowie en el cielo.

Bowie susurró en el oído de su apóstol 29 canciones que se habían posado en su espalda en este tiempo. El arte sónico del nuevo tiempo. Suena crepuscular, al principio. Es sólo un minuto de melancolía. Bowie ha tenido un largo sueño. Ha visto otra vez el futuro. Pero aún no quiere contarlo. Visconti reúne a David Bowie una vez más. El reencuentro quiere evitar el revisionismo. Ahora prima el vídeo. David Bowie han aprendido a ser socios. Son un artista plástico total. David pondrá el alma. Bowie, la estética.

El mensaje de David Bowie es firme. Debe haber un continuador. O mil. En la siguiente pieza audiovisual, se presentan a sí mismos como un David carnal y burgués, casado con Hunky Dory (cuarenta años después) interpretada por una de sus discípulas más icónicas: Tilda Swinton. La androginia ha vuelto media hora antes de que los hipsters piensen en dejarse barbas y ser rudos leñadores. A última hora tendrán que feminizarse con pitillos y náuticos. Bowie lo lleva más allá. Será el transgénero, el poliamor y las líneas borrosas, la tendencia estética del futuro. Andreja Pejic será Ziggy Stardust. Saskia de Brauw hará el papel del Duque Blanco. De esta forma, Bowie cierra el círculo en su salmo número 25. El mundo respira aliviado.

LAZARUS

En el amanecer del octavo día del primer mes, esta vez de 2016, Tony Visconti subió por última vez a la Montaña en busca de Bowie. En el lugar donde estaba la estrella, había un agujero negro. Una puerta temporal– debió pensar. Aún no había terminado de retumbar la frase en su cabeza, cuando se dio cuenta de que era el fin. Corrió a casa de David. Se sorprendió de ver que, quien le abrió la puerta no era otro que el joven David Jones. Éste condujo a Visconti hasta el dormitorio. El pasillo estaba lleno de gente. Todos estaban allí. Lou, Fred,Mick Ronson, Marc Bolan, Imán. Al pie de la cama, Hunky Dory. Bowie hizo un gesto y Visconti se acercó:

No puedo revelarlo todo– susurró Bowie.

El Duque Blanco certificó la hora. Sonrió a Visconti y dijo: No me mires así. No soy el malo. Simplemente me ha tocado hacer este papel. Bowie se había ido. Y se había llevado a David consigo.

El testamento fue claro. David Bowie conspiraron para marcharse juntos. Este es su testamento sónico. Somos testigos de ello y le adoramos como un ser único y bino.

Todos estaban allí. Fred, Lou, Marc, Imán, Mick, Brian. Y también: el Hombre Elefante, El Rey Goblin, el Hombre de las Estrellas, El Hombre que cayó a la tierra, Jack Celliers, el Agente Jeffries, El Hombre que vendió el mundo, el Joven Jones, Hunky Dory, el Duque Blanco and Ziggy plays… guitaaaar.

Amén.

FIN

Publicado por Javi en Literatura, Música, Post, 2 comentarios