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Videoarte y videoclip. Arte y cultura popular

Videoarte y videoclip. Arte y cultura popular

Miley Cyrus. Fotograma de Dooo it!

Miley Cyrus. Fotograma de Dooo it!

¿Qué diferencia a Lady Gaga o Miley Cyrus de los artistas de videoarte? Los temas a menudo son los mismos: el sexo, la muerte, la tecnología.

La imagen  tiene un poder enorme de comunicación, que ha sido usado a través de los siglos por el poder con fin adoctrinador. Los templos, lugares de mayor concentración de personas, eran los espacios elegidos para mantener controlado al pueblo. Toda la iconografía cristiana está basada en el miedo a través de símbolos fácilmente identificables, con el Pantocrator siempre por encima de nosotros, que nos observa con su mano levantada, que más parece amenazar que bendecir.

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La imagen en movimiento es más poderosa. Las salas cinematográficas se convirtieron, ya en el siglo XX, bajo el control de los gobiernos, en los nuevos templos de adoctrinamiento. Los norteamericanos, con «Nacimiento de una nación» de Griffith. Los soviéticos, con «El Acorazado Potemkin», de Eisenstein. Los nazis, con Goebbles manejando el aparato propagandístico de Hitler, y Leni Riefenstahl como cineasta del Tercer Reich. Bajo la premisa de ensalzamiento de la ideología del régimen, se va construyendo un nuevo lenguaje, el lenguaje cinematográfico.

Ya a finales del XX, la televisión supuso un cambio sustancial en el estilo narrativo y en el lenguaje, pero mantiene su carácter de propaganda. No hay que olvidar que nace en un momento social y económico de prosperidad, en el que el consumo se convierte en un nuevo dogma, en un arma de manipulación masiva al servicio de las grandes marcas, que utilizan su poder no sólo para vender sus productos, sino para modelar a la sociedad en unos gustos, en unos hábitos, apropiados a sus intereses, que gracias al televisor, ya no necesitan trasladar a la gente.

El videoarte nace como una reacción contra el mensaje banal y puramente comercial de la televisión, Nam Jun Paik, Wolf Vostell, Gary Hill, Bill Viola, o el Grupo Fluxus entre otros, quisieron crear un nuevo lenguaje visual no basado en la representación y el adiestramiento ideológico de la televisión y el cine, de una forma similar a como lo hicieron los dadaístas o los surrealistas en pintura.

Comienzan así muchos movimientos artísticos, como una reacción contra lo establecido. Es cierto que también surgieron artistas más comprometidos que utilizaron el cine, la televisión y el videoclip para hacer crítica, obras más personales e independientes. Grupos musicales como Pink Floyd, cineastas como David Cronemberg, le dieron un sentido más comprometido y experimental a medios como el videoclip o el cine. Pink Floyd, al que se recuerda más por las iconoclastas imágenes de sus videoclips que de su música, es de una indudable calidad artística, pero su trabajo fue haciéndose cada vez más comercial y unido a grandes espectáculos en directo. Cronemberg, con obras como Scanners, The dead zone, y sobre todo Videodrome, película experimental, simbólica y muy crítica con el medio televisivo, se convirtió en obra de culto.

El videoclip forma parte del entramado de mercadotecnia de la cultura popular, y tiene un fin marcadamente comercial, que se ha apropiado de parte de la creatividad que surgió de trabajos experimentales como la performance, el happening, el videoarte, que, durante los sesenta y setenta, trataban de crear nuevas formas de expresión, aprovechando los avances en tecnología.

El problema que se plantea en el videoarte, y se puede hacer extensible a otras expresiones artísticas, es que trata de usar los mismos instrumentos que usan los mass media. El videoarte necesita la tecnología, y las empresas tecnológicas están al servicio de los intereses económicos, por lo que sus productos están diseñados para el consumo. El videoartista utiliza distintos códigos lingüísticos con la misma tecnología que el vídeo y la televisión, códigos menos atractivos para un público general, (entrenado, ideotizado y ávido de productos de fácil digestión). Eso sí, atrayentes para un público más selecto, que introduce la obra en el mercado de la exclusividad y el postureo social, que a su vez utiliza la obra para subir en el escalafón social.

Algo similar le ha ocurrido al Arte Urbano, su mensaje es directo, rebelde, antisistema, indomable. Hasta que dejó de serlo. Los movimientos mainstream acaban siendo, más tarde o más temprano, engullidos por la maquinaria consumista. Ahora tenemos símbolos callejeros y graffitis hasta en los diseños de Channel. Pero aunque algunos símbolos o códigos hayan sido fagocitados, digeridos y finalmente transformados en (no diré la palabra) productos listos para ser vendidos, siempre estará la calle, lista para ser mancillada con sprays y botes de pintura.

Pero el videoartista necesita la pantalla para mostrar su trabajo. La lectura de la obra con códigos opuestos a los que el ojo y el cerebro, adiestrados a una serie de formas, estilos narrativos, ritmos, está acostumbrado, se ve seriamente mermada, y eso repercute negativamente en su capacidad de difusión. Estamos viendo a diario cuales son los intereses del público general en la viralización de los vídeos que se pueden ver en canales de internet como Youtube. Mientras que el graffiti basa gran parte de su éxito en lo directo del mensaje, el artista del vídeo se empeña en usar un lenguaje complicado, simbólico, de varias lecturas, es decir, lo opuesto a la inmediatez y simplicidad del videoclip y la publicidad. La explicación creo que no puede ser otra que la de alejarse lo más posible de los cánones establecidos, la búsqueda de un lenguaje más humano, menos condicionado. Pero si ese es el fin del artista, ¿no sería más lógico transmitir nuestro mensaje con unos códigos más legibles?

El videoclip se ha apropiado de los hallazgos visuales del videoarte para adaptarlo a unos cánones determinados por la publicidad y el marketing. El mensaje es arrebatado y eliminado. Al menos en los inicios, porque poco a poco el videoclip, a pesar de los límites impuestos por el mercado musical, ha ido creando su propio lenguaje, convirtiéndose en un medio en sí mismo con trabajos tan interesantes como «Oh, Superman» de Laurie Anderson, en los 80, muy cercanas a las propuestas del videoarte; los trabajos del artista Chris Cunningham ya en los 90, trabajando para músicos como Björk, Aphex Twin o Autechre,

En los últimos años el videoclip parece haber perdido el empuje que le dió el videoarte, y muestra mensajes cada vez más explícitos y provocadores, estéticas provenientes de la moda y el cine, sexo y violencia. No me resisto a poner el videoclip de Queens Of The Stone Age «Go With The Flow», perfecto ejemplo de esto que digo. Pero quizá la artista más representativa del momento actual es Miley Cyrus, catapultada por el canal de televisión MTV, canal que empezó siendo un referente del videoclip, y ahora preocupado únicamente por el escándalo, la provocación y el mal gusto. Todo ello llevado al extremo.

Algo parecido ha sucedido con el Arte Urbano y las marcas, que se han apoderado únicamente de la estética, de la iconografía, vaciando todo el contenido de crítica que poseían las obras, quedándose únicamente en una vaga y vacía referencia a la rebeldía, que fuera de su contexto, parece transmitir la idea de «si te pones esto parecerás un rebelde y eso te hará más exitoso socialmente».

Para el videoarte, aparte de la autocomplacencia, la evolución lógica pasa por los nuevos medios de comunicación y distribución. Internet proporciona conceptos tan interesantes como la simultaneidad e interconexión. Democratiza el arte, y últimamente empieza a ser una amenaza para los medios de comunicación tradicionales y los canales de difusión del cine y la televisión. Ya no son tan necesarias las productoras y las grandes inversiones para conseguir éxitos comerciales. La tecnología empieza también a ser asequible, por lo que con muy pocos medios se pueden conseguir grandes resultados. Aparecen movimientos colaborativos tan interesantes como los Creative Commons, y se empieza a extender la idea de que en ocasiones es más interesante el trabajo colaborativo y sin ánimo de lucro en la producción artística, lo que redunda en una mayor libertad creativa.

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El videoarte, medios de exhibición. Creative Commons. Última parte.

El videoarte, medios de exhibición. Creative Commons. Última parte.

Los Creative Commons o cómo internet está cambiando el intercambio y distribución en el videoarte. Cuarta y última parte del estudio realizado por Fran Gómez sobre videoarte.

8. CREATIVE COMMONS

Los Creative Commons se están extendiendo, cada vez más, entre artistas que utilizan el vídeo en sus prácticas, por lo que vamos a definirlas para intentar esclarecer un poco este término y qué derechos proporciona al usuario. Las licencias Creative Commons conceden a los usuarios permisos de derechos de autor en sus vídeos para que otros puedan copiar, distribuir, editar, mezclar, y construir sobre ellos, mientras se reconozca en los créditos al creador del video original. Proteger las obras bajo una licencia de Creative Commons no supone que no tengan copyright. Este tipo de licencias proporcionan algunos derechos a terceras personas pero bajo determinadas condiciones.

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La posibilidad de poder manipular textos sin el uso del papel, el acceso a fotografías, sonido y vídeos es posible desde cualquier punto del planeta que disponga de un dispositivo de acceso y conexión a Internet. Se relacionan conocimiento e intercambio, datos, nuevas formas de negocio y entretenimiento, esto se puede conectar directamente con el arte, con lo que está sucediendo en las prácticas artísticas con vídeo.

María Cañas es una creadora que tiene una vision clara de las plataformas online y de los derechos que protegen a los artistas y comparte su experiencia personal:

“Apuesto por los Creative Commons. Internet permite llegar a grandes audiencias gracias a las licencias. SGAE, es un cáncer condenado a desaparecer. Su ética, credibilidad y practicidad son nulas. No pertenezco a ninguna entidad de gestión de derechos de autor. Mis vídeos pueden verse gratis en Internet en la distribuidora Hamaca, Blogs&Docs, Cámara Excéntrica, Youtube, vídeoblogs…. Creo que el arte ha de ser viral, expandirse y comunicar. Mis trabajos no tienen cabida dentro de los circuitos de estrenos en las salas comerciales, son videomaquias, visiones del mundo heterodoxas, diferentes a las que la industria de la televisión y el cine nos lanzan. Cuando el audiovisual es entendido como un espacio ilimitado dónde experimentar, cuestionar y transgredir, sólo encuentra su sitio en Internet, museos, festivales, bares y espacios alternativos. La filosofía del “hazlo tú mismo”, la autogestión, la economía del trueque y la cultura libre del reciclaje y la remezcla, expandidas por Internet, han convertido el arte para las masas en el arte que hacen las masas. Es una cultura mucho más participativa pero no por ello siempre de mayor calidad”. Cañas (2012).

En su obra El perfecto cerdo (2005) Cañas intentaba confrontar esa creencia popular de que del cerdo se aprovecha todo con el modus operandi de numerosos creadores para los que su obra se basa en la apropiación y la libre circulación de la información por internet y mantiene la creencia de que a la hora de crear en la actualidad “si del cerdo se puede aprovechar todo, de la imagen contemporánea y del detritus audiovisual que nos rodea igual”. Cañas (2012).

El interés de Cañas conecta con “la creación generada por todos esos artivistas anónimos o francotiradores que cuelgan sus fotomontajes y vídeos en internet, que la realizada con grandes medios por artistas mainstream”. Cañas (2012) y de sus declaraciones se pueden extraer varias cuestiones cruciales en el panorama que ocupan las prácticas artísticas en vídeo en la actualidad: la problemática y lo que podría suponer una reformulación de la propiedad intelectual y los márgenes sociales para la estipulación de una cultura más libre, accesible a todos y participativa. “En este sentido, la generalización del software libre, el movimiento Copyleft, las licencias libres para la creación o la articulación de dispositivos abiertos de conocimiento en la Red, son elementos esenciales en el medio educativo y artístico digital, y su evolución conformará nuestro tiempo”. Cañas (2012).

Ya ha habido varios intentos de regulación de estos derechos, como ocurrió en 1998 en CISAC (Confederación de Sociedades de Autores y Compositores de París en que se presentó el CIS (Sistema de Información Común), con el que se pretendía que no circulase en la red ningún dato sin identificar, evidentemente, este ha sido, otro de muchos intentos, de mantener el control. Pero parece ser que el problema persiste y exige otra definición y revisión.

Castells en “La Sociedad Red” llega a unas interesantes conclusiones, que se podrían extrapolar a este paradigma y explica que, como tendencia histórica, las funciones y los procesos dominantes en la era de la información, cada vez, se organizan más en torno a redes y explica:

“El trabajo pierde su identidad colectiva, individualiza cada vez sus capacidades, sus condiciones laborales y sus intereses y proyectos. Quiénes son los propietarios, quiénes los productores, quiénes los gestores y quiénes los servidores se vuelve cada vez más difuso en un sistema de producción de geografía variable de trabajo en equipo, de interconexión…” Castels (2010).

9. Conclusiones

Desde su origen hasta la actualidad, las prácticas artísticas en vídeo se han enfrentado al problema de la exhibición y encontraron, en algunos de los casos, su refugio en el museo, que con el tiempo las aceptó y reconoció como prácticas con valor artístico. Además, la aceptación del soporte vídeo, con carácter artístico, se ha producido en un tiempo relativamente breve, si lo comparamos con algunos de sus predecesores, como podría ser la fotografía, que tardó décadas en ser reconocida como una práctica artística.

A lo largo del desarrollo del vídeo, muchos de los artistas que utilizaron este soporte, se opusieron a las instituciones y buscaron otras formas expositivas. La televisión, en su evolución como medio, salvo excepciones puntuales, no las ha incorporado en su programación, por tratarse de un contenido de riesgo o, simplemente, porque no encajaba como contenido de interés masivo, por lo que podríamos decir que la televisión no ha servido de plataforma para este tipo de prácticas en vídeo.

Estudiando la evolución que ha tenido el vídeo en su incorporación y uso, con fines artísticos, se podría llegar a la conclusión de que el museo, por el contrario sí que ha servido como canal expositivo, incluso ha conseguido constituirse como archivo de muchas obras que, de otra forma, hubieran desaparecido. En la actualidad, sigue funcionando y proporciona a estas prácticas un valor añadido en el visionado (pantallas de grandes dimensiones, sonido envolvente, salas equipadas especialmente para su exhibición) pero bien es cierto, que no pueden/quieren acoger todas las prácticas que se realizan en la actualidad, ya sea por su interés, reconocimiento artístico o su capacidad de generar ingresos, por lo que muchas de esas prácticas, con el surgimiento de la red han encontrado plataformas en las que ser exhibidas y los artistas han conseguido alojar sus obras en ellas, en muchos de los casos, con una independencia total de los museos.

Respecto a la tecnología, nos encontramos que en su evolución, además de proporcionar al artista herramientas de creación también le ha ofrecido un soporte expositivo en las diferentes plataformas que permiten albergar vídeos en Internet. Ambos factores, junto con la democratización de la misma, han provocado un resurgir de las prácticas artísticas en vídeo, o al menos una mayor visibilidad. La red como canal de exhibición junto con el amplio conocimiento técnico de muchos de los creadores, sumado a la posibilidad de enriquecimiento que proporcionan las comunidades, son factores que permiten a los artistas que desarrollen prácticas de gran calidad y, por otra parte, la acogida de los Creative Commons ha permitido que se produzca un nuevo concepto de artista, que basa su creacción en la manipulación, apropiación, edición y mezcla de otras obras creadas por otros, generando, de esta forma una “creación de creación” asumida y reconocida como práctica artística.

También cabe referirse a la convergencia de los medios y los dispositivos tecnológicos que permiten que el museo y la red se complementen y enriquezcan. Por consecuente, cabría la posibilidad de estudiar nuevas vías con el fin de encontrar el equilibrio y esa cohesión y, más aún, cuando uno de los objetivos de los museos debería ser el poder dar a conocer al público general todas las manifestaciones artísticas que se produzcan dentro de la sociedad. Pero, por otra parte, bien es cierto, que en muchos casos, son los propios artistas los que rechazan a las instituciones, lo que provoca el riesgo de que esos movimientos artísticos que surgen lleguen a desaparecer sin que un público menos vinculados a ellos, pero no menos interesado, se quede sin disfrutar de esas prácticas artísticas. Por último, aparte de la desvinculación de los artistas, también afecta a la consolidación de las prácticas el tremendo desarrollo tecnológico que se está produciendo en nuestros días y que convierte en fugaces a esos movimientos con una gran base tecnológica, ya que cuando los artistas adoptan una tecnología surge otra y así sucesivamente.

Este artículo se ha obtenido con el permiso de Fran Gómez desde la página: http://www.revistalatinacs.org/14SLCS/2014_actas.html

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