David Bowie sorprende una vez más

El pasado día 11 David Bowie sorprendió una vez más a todo el mundo, en esta ocasión, con su muerte. Como si se tratara de una de sus puestas en escena, tres días después de la presentación de su último trabajo discográfico, y habiendo mantenido en secreto una enfermedad desde hacía 18 meses.


El hecho de que escriba aquí, un blog sobre arte, de un personaje en principio de otro ámbito, como es la música, no responde a un capricho propio de un fan que necesita hablar de su ídolo musical. Creo haber escuchado toda su discografía, me encantan algunos de sus trabajos y de su último disco, «Blackstar», acababa de escuchar sus dos primeros singles, «Blackstar» y «Lazarus». El primero de ellos, un tema de diez minutos que, para mi, es lo mejor que ha hecho Bowie en toda su carrera, y que acompaña de un oscuro videoclip con referencias a cultos religiosos y ciencia ficción, con un Bowie que aparece como un siniestro mesías.

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Creo que debo hablar de Bowie porque es un artista total, inteligente, un artista que necesita reinventarse continuamente, en una búsqueda constante de sí mismo pero consciente de la cultura y la sociedad en que vive, para después estar un paso por delante. Un artista inquieto, que ha sabido adaptarse y rodearse de los mejores en todo momento: Iggy Pop, Lou Reed, Brian Eno, Robert Fripp, …

En el último siglo de historia del arte, el artista desplaza a su propia obra convirtiéndose él mismo en la obra. En ese aspecto, Bowie sigue la tendencia del artista contemporáneo, en la que artista y obra forman parte de un todo. Hay artistas que sabes que están interpretando un papel, no sabes quién es la persona que hay detrás, con Bowie sabes que detrás de sus innumerables alter egos: Ziggy, Aladdin Sane, El duque blanco, está Bowie, porque Bowie persona y Bowie artista es lo mismo. Y con su última puesta en escena lo hemos podido ver. 18 meses ocultando su enfermedad, se saca de la manga un disco impecable, lo presenta el día de su cumpleaños, y dos días después fallece. ¿No da la impresión de que todo responde a un plan? Aún todavía en shock por la noticia, parece que esto no es más que otra de sus muertes creativas y que volverá en cualquier momento.

Pero es que además es incontestable la calidad de su trabajo musical, que se ha atrevido con el rock, el pop, la música electrónica, el blues, el jazz. Por no hablar de sus trabajos como actor en cine y teatro, que todo el mundo recuerda, el diseño de su vestuario, sus estilismos. Y por si aún había alguna duda, su testamento artístico es una obra de arte, musical, visual, conceptual (la portada de Blackstar es de una simpleza conceptual abrumadora).

Creo que a partir de su muerte es cuando vamos a darnos cuenta realmente de la grandeza de este artista, porque David Bowie no parece de este mundo, pertenece a ese Olimpo de Héroes al que pertenecen muy pocos.

Mi amigo Sancho Retáblez colgaba en Facebook el día de su muerte la imagen de Bowie en la comisaría cuando le detuvieron por pertenencia de droga y hacía el siguiente comentario: «Da igual que seas guapo, rico y famoso. Si te detiene la policía, sales en la foto como un etarra yonki satánico.  A menos que fueses Bowie, claro».

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Se ha dicho que ha muerto y resucitado muchas veces, esta vez parece la última, pero de él se espera cualquier cosa.

Aún puede verse su exposición itinerante «David Bowie is» en Groningen (Holanda), una inmersión sensorial en el universo Bowie, y que está siendo una de las exposiciones más visitadas de todos los tiempos.

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