El año 2016 empieza en Madrid con grandes exposiciones que merece la pena no perderse. Algunas están a punto de clausurarse. Estás todavía a tiempo de verlas. Aquí te presentamos algunas de las más importantes:
Pierre Bonnard
Hasta el 10 de enero puede verse la retrospectiva del artista francés Bonnard, fundador del grupo simbolista de los Nabis y precursor del arte abstracto, en la Fundación Mapfre. Recoletos. La primera retrospectiva vista en España desde hace más de treinta años.
«Desnudo en un interior». Pierre Bonnard
Max Bill
Hasta el 17 de enero, en la Fundación Juan March, la obra de Max Bill (1908-1994). 170 piezas del polifacético artista suizo, entre pintura, escultura, obra gráfica, piezas de mobiliario y diseño industrial, diseño de espacios expositivos, diseño gráfico publicitario, diseño de libros. Comenzó como estudiante en la Bauhaus, arquitecto, precursor del Arte Concreto o Concretismo, variante del abstracto, es uno de las artistas más importantes del arte suizo moderno.
Max Bill en Fundación Juan March
Edvard Munch
En el Museo Thyssen-Bornemisza podrá verse todavía la exposición monográfica sobre Edvard Munch, Arquetipos. En total la muestra reune 80 obras, entre pinturas al óleo, dibujos y obra gráfica. Sólo hasta el 17 de enero.
Vassily Kandinsky
Hasta el 28 de febrero podrá visitarse en la Plaza de Cibeles, en la sala de CentroCentro, la retrospectiva sobre Vassily Kandinsky, una de las mejores muestras en España sobre el pionero del abstracto, con más de 100 obras, entre pinturas, dibujos y grabados.
Kandinsky. «Schwarzer Raster»
Andrzej Wróblewski
Desde Polonia nos llega Andrzej Wróblewski, con su exposición Verso / Reverso en el Palacio de Velázquez que podrá visitarse hasta el 28 de febrero. Se trata de uno de los grandes pintores polacos de todos los tiempos, muerto a los 29 años de edad en 1957 y del que ésta es su primera retrospectiva en España. Pueden verse, sobre todo, sus pinturas pintadas por ambas caras en las que explora figuración y abstracción.
Andrzej Wróblewski en el Palacio de Velázquez
Jean-Auguste-Dominique Ingres
El Museo del Prado, por su parte, nos trae a Jean-Auguste-Dominique Ingres, una oportunidad única de ver la obra de uno de los maestros de la pintura. El Prado ha conseguido reunir obras fundamentales como «El Baño Turco» o el retrato de «Napoleón I en su Trono Imperial» en una muestra de carácter único e irrepetible por la importancia de las obras recogidas de museos tan importantes como el Louvre o el National Gallery.
A continuación os dejamos un interesante artículo sobre videoarte escrito por Fran Gómez y que iremos publicando en varios post. Os dejamos con la parte 1, en el que se habla del papel del museo como medio de exhibición del videoarte desde los años 60 con el grupo Fluxus.
Las prácticas artísticas en vídeo, desde su aparición, se han encontrado, en ocasiones, con problemas a la hora de ser mostradas, tanto por el soporte, como por el contenido. El museo sigue funcionando como canal institucionalizado de exhibición, pero, por otra parte, la red, en la actualidad, se ha convertido en un medio expositivo válido para los artistas y más que aceptado para los consumidores de vídeos.
La necesidad expositiva, parece que no es nueva y ya en los años 20-30, el movimiento Bauhaus pretendía llevar el arte a la calle, sacarlo del museo.
Siguiendo esta línea de pensamiento, en los 60, el grupo Fluxus quería romper con los códigos establecidos y desvincularse de las formas convencionales de exhibición. Durante estos años, se produce un tránsito de la fotografía al vídeo y ambos soportes se mantienen en la actualidad, no se sustituyen, hay coexistencia, pero el vídeo asumió el ritmo tecnológico de los tiempos. La introducción del vídeo como práctica artística data de la segunda mitad de los 60, formando parte de los nuevos medios. El vídeo representaba la incorporación de la tecnología más avanzada. Las primeras apariciones de monitores junto con vídeo correspondieron al grupo Fluxus, que defendía la eliminación de la obra de arte como mera mercancía, negando al objeto artístico tradicional mediante la conversión en prácticas artísticas a través de cosas, aparentemente, banales pero con una gran carga expresiva. Nam June Paik o Wolf Vostell formaron parte activa de Fluxus y dentro de las prácticas artísticas en vídeo cabe destacar sus aspectos formales: la primera tomando el vídeo como experimentación electrónica, como fue el caso de Paik y, la segunda, utilizando el vídeo como documento de un acontecimiento artístico efímero como, por ejemplo, la grabación de happenings por Vostell.
2. Estado de la cuestión.
A mediados del siglo XVII, el término salón definía el espacio expositivo y se institucionalizó como tal y, la denominada “Academia”, se reservaba el derecho de admisión de las obras, lo que provocó, ya desde sus comienzos, un enfrentamiento entre determinados movimientos y artistas contra las instituciones artísticas al no verse reconocidos o reconocerse dentro de este tipo de circuitos expositivos institucionalizados y dicha fricción parece que se extiende hasta la actualidad.
La tecnología, a lo largo de su evolución y sus diversos aportes a la creación audiovisual, ha proporcionado nuevas posibilidades formales y expresivas que se extienden también al ámbito de difusión y exhibición de la obra.
Además de los propios museos y galerías de arte, la televisión e Internet son medios a través de los cuales los artistas pueden ofrecer sus obras y los espectadores/usuarios/consumidores las reciben/disfrutan. De esta forma, tanto artistas como usuarios pueden evitan los circuitos expositivos tradicionales y esto, a su vez, ha provocado que se generen nuevas formas de experiencia artística.
Estos canales permiten al artista llegar a un número infinito o indeterminado de usuarios o consumidores de arte y desarrollar otras formas de consumo fuera de las instituciones, como podría ser el consumo individual en el hogar, dentro de la propia intimidad del consumidor de este tipo de arte en soporte de vídeo.
Estas prácticas provocan una percepción artística diferente que puede llegar a crear otro tipo de sensaciones; hay obras que permiten una mayor interactividad y formar, de alguna manera, parte de ella (cambiar el final, la trama, participar en la obra añadiendo o quitando elementos u obtener información extra así como la posibilidad de visionar obras relacionadas) se plantea entonces la pregunta si existe una necesidad real de consumo in situ y de exhibir la obra en instituciones tradicionales, normalmente de la mano de instituciones artísticas respaldadas por otras de índole económica, social y/o política.
3. Antecedentes. Artistas VS Museos.
El denominado videoarte de los 80 pretendía lo mismo y aunque se institucionalizó, en la actualidad, forma parte de cualquier archivo que se precie de un museo de arte contemporáneo. Siguiendo la línea del tiempo, surge el net-art en los 90 y lleva el concepto de desvinculación al máximo exponente, al convertir la red en su hábitat de desarrollo y exhibición. Por lo que las prácticas artísticas en vídeo, durante estas décadas y hasta los 90, ya se trate de video- esculturas, happenings, body-art, etc, se grababan en vídeo para proteger la permeabilidad de los mismos y salvar las obras de la destrucción y, a pesar de conseguir una calidad deficiente, lo que interesaba era la forma, a diferencia de las prácticas en vídeo actuales en la que puede primar la forma y la tecnología o una u otra, de forma independiente, como puede ocurrir en la infografía.
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