David Lynch

Radiohead – Daydreaming

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Paul Thomas Anderson, uno de los más brillantes cineastas del momento, dirige esta maravilla que bajo su aparente sencillez visual, sin efectos, sin artificios, nos sumerge en la oscura y compleja psique del líder y vocalista de Radiohead, Tom Yorke. Seguir leyendo →

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El inquietante mundo de Giorgio de Chirico en CaixaFórum Madrid

El inquietante mundo de Giorgio de Chirico en CaixaFórum Madrid

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Maniquíes humanizados o personas deshumanizadas. El inquietante mundo de Giorgio de Chirico, además de su obra de inspiración neoclásica y barroca, puede verse en el CaixaFórum de Madrid hasta el día 18 de febrero.

Giorgio de Chirico

«Baños misteriosos con pato». 1973
Giorgio de Chirico

La retrospectiva abarca una amplia producción de su extensa obra. Aunque faltan obras importantes, especialmente las que produjo el artista en los años 10, su etapa más interesante, repartidas por los museos más importantes, la muestra sirve para tener una visión global de la obra de un artista que, aún siendo un referente para vanguardias artísticas como el Surrealismo, giró muy pronto a propuestas mucho más conservadoras provocando rechazo en sus contemporáneos.

A de Chirico no le ha reconocido la historia del arte por sus cuadros costumbristas, por sus paisajes barrocos o sus pinturas a lo Rubens, y en esta muestra abundan. Además, las obras pertenecientes a su etapa metafísica, esa en la que los espacios arquitectónicos vacíos y los cielos marcianos eran los protagonistas, apenas está representada en la exposición, y cuando está es a través de auto copias realizadas muchos años después.

Creo que tiene varias lecturas el hecho de encontrar a un artista capaz de hacer cosas tan dispares en su carrera artística, produciéndose, además, de forma intermitente en su dilatada vida. Puede ser, por un lado, que hacía lo que le venía en gana. De ser así deberíamos tomarlo como un referente de forma inmediata todos los artistas que nos dejamos llevar por intereses de diferente naturaleza. Por otro lado, que se dejase llevar por intereses de diferente naturaleza, como por ejemplo el dinero. Por eso lo de pintar sus propios cuadros varias veces.

Giorgio de Chirico

«Cuatro gladiadores en la habitación con vista al coliseo». 1965
Giorgio de Chirico

Viendo la exposición tuve la sensación de que a Giorgio de Chirico lo que le gustaba realmente es pintar. No se si por demostrar al mundo o a sí mismo de qué era capaz, o porque disfrutaba haciéndolo. Siempre he pensado que del placer de pintar no salen buenas obras, que hay que salir del espacio de confort para avanzar y hacer cosas novedosas. Es posible que se deduzcan ambas cosas de su trayectoria.

Giorgio de Chirico

«Los maniquíes coloniales». 1969
Giorgio de Chirico

Pero lo que más me asombra de este genial artista es la capacidad de inquietar y dejar con los ojos pegados al espectador aunque no sepas realmente lo que estás viendo. En el anterior artículo que dediqué al último David Lynch y su magna obra Twin Peaks, comentaba esto, hay artistas que agitan el subconsciente del espectador para despertar un interés que va más allá de la lógica o de la experiencia estética. Un Lynch, por cierto, muy influido por la pintura de Giorgio de Chirico, observad el agua de la obra «Baño misterioso con pato» y comparadlo con el suelo de la Habitación Roja de Twin Peaks. Tiene que ver con arquitecturas de ventanas y puertas oscuras, que conectan con determinadas partes de nuestro cerebro, con espacios irreales, con personajes extraños que nos dan la espalda, o que nos miran sin ojos, de gladiadores hieráticos de caras tristes, de edificios de la Grecia Clásica dentro de habitaciones, de paisajes de luz plana e irreal que parecen escenarios de un teatro.

Giorgio de Chirico

«Retrato de la señora L. Gartzen». 1913
Giorgio de Chirico

Su obra metafísica no ha perdido ni un gramo de actualidad o de modernidad, es atemporal, universal, de una trascendencia enorme. Como la obra de NietzscheSchopenhauer de la que se nutrió.

Algunas esculturas, algunas de ellas espectaculares, algún retrato equestre, bodegones y varios autorretratos que completan una exposición que no pasará a la historia por ser de las mejores del artista, pero que dan una visión de sus inquietudes, que está entre la modernidad más absoluta y su fascinación por lo clásico.

Merece la pena acercarse a ver la exposición, una de Giorgio de Chirico siempre merece la pena, porque nos da una visión general de la grandeza (con sus miserias también) de uno de los mejores artistas de todos los tiempos.

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¿Por qué hay que ver Twin Peaks 2017?

¿Por qué hay que ver Twin Peaks 2017?

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Debéis ver la tercera temporada de Twin Peaks. Si llegáis hasta el episodio 8 es muy probable que aguantéis hasta el final. Voy a intentar convenceros de por qué hay que ver Twin Peaks 2017. Sin spoilers

Una vez más, David Lynch vuelve a revolucionar la televisión. Ha puesto patas arriba todas y cada una de las leyes del medio televisivo, tan dominadas por la publicidad y las audiencias.

Fotograma de la tercera temporada de Twin Peaks

Para empezar se ha permitido el lujo de contar con actores como Naomi Watts, genial en Mullholand Drive, James Belushi, Jennifer Jason Leight, Tim Roth, Richard Chamberlain, Laura Dern, Ashley Judd o Mónica Bellucci.

El experimento comenzó a principios de los noventa con aquella icónica imagen del cadáver de Laura Palmer contrastando con los bucólicas imágenes de bosques y cascadas. En aquella ocasión, un Lynch más comedido y consciente del medio en el que se encontraba, se movía entre el thriller, el drama, el misterio, el terror psicológico, lo sobrenatural, el humor y lo envolvía todo de un glamour y una estética que hacía brillar a sus inolvidables personajes.

No le faltaba, ni mucho menos, las rarezas que caracterizan sus trabajos más personales. En aquel momento no nos importó qué narices estaba pasando en los extraños sueños del agente Cooper en los que aparecían enanos bailarines, gigantes y cortinas rojas, o que Bob apareciera hasta de debajo de una mesa, de repente, saliendo de la nada, sólo para matarnos de un infarto. Nadie entendía realmente lo que pasaba en Twin Peaks, pero estábamos tan cegados por el brillo que desprendían esos personajes, el carisma de sus actores, los maravillosos escenarios (el aserradero, el dinner, el hotel completamente forrado de madera), y la incertidumbre de no saber quién mató a Laura Palmer, que nos dejamos llevar sin preguntar demasiado.

Naomi Watts y Kyle MacLachlan en un fotograma de la tercera temporada de Twin Peaks

Después de una errática y forzada segunda temporada y una oscura y aún más extraña película que aclaraba algunas cosas y complicaba otras, llegamos a la tercera temporada. Y David Lynch la lía a base de bien.

Antes mencioné las cosas que hicieron extremadamente popular a la serie. Bueno, pues de eso no queda nada en la tercera parte. Sí, es cierto que se vuelven a ver a personajes como Laura Palmer (la muerta, si), a Bobby, … La mujer del leño. Pero nada es como fue. Reconozco que al principio me sentí algo decepcionado, me imagino que no fui el único, porque a parte del efecto lógico del paso del tiempo, todo, es decir, personajes (no sólo los mayores, también los jóvenes que aparecen por primera vez), escenarios, iluminación, todo, se vuelve gris y apagado ahora.

Hay motivos para sentirse decepcionado cuando en tu mente perviven las sugerentes imágenes o la misteriosa banda sonora del Twin Peaks de los noventa.

En mi opinión ese es el motivo por el que no han coincidido crítica y audiencia. Mientras que las críticas le han puesto por las nubes, el público empezó a abandonar la serie a partir del tercer o cuarto episodio.

Ya solo por lo que hace con el agente Cooper (no haré spoilers) sería suficiente para perder gran parte de los seguidores de la serie, pero qué me dices sobre cómo avanza la trama, con personajes y subtramas que van complicando a cada capítulo la serie en vez de resolver dudas, con un ritmo lento, con capítulos enteros que transcurren al otro lado de las cortinas rojas donde la gente habla y camina del revés, hay personajes tan extraños como un árbol seco cuya cabeza parlante es una especie de chicle de fresa masticado, y hay planos de quince minutos en los que la cámara fija graba a un señor barriendo el suelo de un bar después de un concierto.

Fotograma de la última temporada de Twin Peaks

Entiendo el mosqueo de mucha gente. Pero ¿por qué entonces fascina tanto a otra enorme cantidad de personas? Simplemente por el mismo motivo por el que fascina una obra de Magritte, de Edward Hopper, de Giorgio de Chirico o de Francis Bacon, los cuales han influido enormemente en su obra. No siempre es fácil descifrar su mensaje. Existe una atracción, una empatía, una fascinación, que va más allá de la lógica. Supone tanto un reto al intelecto el descubrir los enigmas que te plantea como sentirlo desde un punto de vista más visceral y experiencial. Juega con los mecanismos de la psique, con el lenguaje del subconsciente, para contarte lo que te quiere contar y eso le da libertad para hacerlo a su manera, sin tener que dar explicaciones.

Pero ¿por qué entonces fascina tanto a otra enorme cantidad de personas? Simplemente por el mismo motivo por el que fascina una obra de Magritte, de Edward Hopper, de Giorgio de Chirico o de Francis Bacon

No se puede hacer una crítica a Lynch utilizando los mismos términos que se utilizaría para hacerla de Juego de Tronos, y conste que me la trago como casi todo el mundo. Simplemente son cosas diferentes. Lynch va un paso por delante de todos consiguiendo lo que muchos artistas de diferentes medios llevan persiguiendo toda la vida, que es llegar a la mayor cantidad posible de audiencia haciendo lo que el cuerpo le pide. Por eso ha apostado tan fuerte, con una temporada de 18 capítulos, cuatro años de trabajo. Utilizando un medio tan inaccesible para un artista de talento como es la televisión. Él se lo puede permitir.

Lynch hace lo mismo que Bill Viola sólo que en la televisión, para millones de personas. El sueño de cualquier artista.

Lo que hay que entender es que Lynch no hace televisión, él trabaja siempre en su obra. Cuando pinta, cuando hace cine y cuando hace televisión. Si en la segunda temporada de Twin Peaks se notaba demasiado la mano de la producción porque había que sacar rendimiento económico al filón Laura Palmer, actualmente ya no lo necesita. No muchos artistas se lo pueden permitir, pero es que él es un genio sin discusión.

Lynch hace lo mismo que Bill Viola sólo que en la televisión, para millones de personas. El sueño de cualquier artista.

Lynch nos regala 18 partes de una obra imprescindible, de una maravillosa experiencia que hay que disfrutar sin complejos y sin prejuicios, dejándote llevar por su ritmo lento, sin obsesionarte por el significado de cada cosa, eso en un segundo visionado. Sintiendo su atmósfera, sus sonidos, su fotografía, su música.

Ojalá haya servido para que otros artistas de talento se les de la oportunidad de mostrar su trabajo más personal, libre de  ataduras, porque se puede hacer otra televisión, más allá incluso de Metrópolis y Órbita Laika. Los de mi generación aún recordamos programas como El Planeta Imaginario o La Bola de Cristal, estamos hambrientos de programas así, aunque intenten saciarnos con productos vacuos.

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